Con mucha frecuencia las madres se encuentran problemas para iniciar o para continuar con la
lactancia materna. En casí todos los casos esto se debe o bien a la ignorancia o bien a mala información en la
técnica de amamantar, otras veces se debe a la anatomía del pezón y otras a la supuesta incapacidad teórica para
amamantar.
Desgraciadamente existen muchos bulos que contribuyen a privar a los niños del alimento óptimo para su crecimiento, el único que además le vacuna y previene contra múltiples enfermedades.
Se puede afirmar con seguridad que la retirada de la
lactancia materna no está indicada en casi ninguna situación, a pesar de ello, se elimina innecesariamente en las siguientes causas:
(Problemas al amamantar)
Dolor durante la tetada:
Amamantar a tu bebé siempre es placentero, sin embargo los primeros días puedes sentir
dolor o molestias cuando tu bebé se engancha al pecho. En estos casos no debes preocuparte, aguanta y las molestias suelen desaparecer antes de una semana. Cuando el
dolor persiste después de los primeros días o es constante, no solo cuando succiona, o si notas quemazón, sientes picor o
pinchazos profundos, debes consultar a tu obstetra porque podrías tener una infección del pezón por hongos. En este caso no debes retirar la
lactancia materna, el bebé y tú necesitáis un sencillo tratamiento, en ningún caso dejes de amamantarle. Cuando el dolor es muy intenso o tienes miedo a que tu bebé se agarre al pezón, porque te parece que el
dolor es insoportable, puedes dejar descansar el pezón, sacarte varias tomas o un día, administrándole tu leche con un biberón; también puedes tomar un analgésico, como ibuprofeno, una media hora antes de la tetada.
Ingurgitación de las mamas: La congestión o
ingurgitación de las mamas es normal a partir del tercer día del parto, porque en estos días la producción de leche aumenta rápidamente y el bebé puede no saber extraerla toda, por eso los
pechos se pueden poner tan duros que parece que van a explotar. La ingurgitación es
molesta, pero disminuye o desaparece hacia el final de la primera semana despues del parto. A veces, la tensión de tus pechos es tan dura que el bebé no se puede agarrar, en estos casos debes apretar con los dedos de ambas manos sobre la areola, en la base del pezón, apretar intentando hundir la mano, durante unos minutos; de esta manera aparecerán algunas gotas de leche que estimularán la succión del bebé, a la vez que le permite disponer y agarrar mejor tu pezón.
La ingurgitación, que es normal, se previene iniciando la
lactancia nada más alumbrar al bebé, también dejándole que tome con mucha frecuencia, con la que él quiera. Cuando el recién nacido no se puede enganchar al pecho o éste duele, te puedes sacar pequeñas cantidades de leche, para aliviar la tensión y facilitar el agarre al pezón, para esto se utiliza un sacaleches.
La
ingurgitación o congestión del pecho no justifica la retirada en ningún caso de la
lactancia materna, en pocos días dejará de ser un problema.
Pezones planos: Algunas mujeres tienen pezones pequeños, tan aplanados que el bebé puede tener dificultades para atrapar, sujetar y mantener el pezón dentro de su boca. Los
pezones planos no significa que haya que retirar o no iniciar la
lactancia materna. Si éste fuera tu problema, puedes ayudar a tu bebé apretándote con los dedos, con el índice y el pulgar, la areola mamaria con fuerza, esto permite que el pezón salga del pecho, facilitando así que tu bebé se pueda agarrar. En estos casos, la mejor postura para realizar las tomas es colocando el cuerpo del niño debajo de tu axila, sujetando su cabeza con la mano del mismo lado, con la otra aprietas la areola para que el pezón sobresalga y protuya.
También puedes emplear pezoneras, las encontrarás en las farmacias. Deberás utilizar las pezoneras sólo ocasionalmente, alteranánolas con la técnica descrita anteriormente y con la extracción y la administración posterior de tu leche a través de un biberón.
Mastitis: Es la inflamación de una parte de la mama. Se origina generalmente por el acúmulo de leche producida por la
obstrucción de un conducto de los que transportan la leche al pezón, también por la ausencia de vaciado de toda la leche producida, más tarde puede infectarse. En ambos casos con infección o sin ella, si tienes mastitis tendrás un
dolor en un pecho únicamente, y solo en una parte, generalmente donde está la obstrucción o la infección. El dolor mejorará al finalizar la toma y aumentará al empezar la siguiente. También podrás tener enrojecimiento y aumento de calor en la zona dolorosa, a veces fiebre elevada y te encontrarás con malestar y desganada.
Si tienes mastitis en ningún caso dejes de amamantar a tu hijo, tampoco si la mastitis te produce fiebre, esta leche continúa siendo buena para tu hijo y es muy bueno para ti que él siga sacándote la leche. Debes darle tomas frecuentes, siempre comenzando por el pecho con mastitis. Es bueno que mientras tu hijo succione te des masajes en el pecho, avanzando desde la zona dura y dolorosa hacia el pezón, en un intento de enviar leche hacia el exterior. Entre toma y toma se puede aliviar el
dolor con la aplicación de calor local en la zona dolorida, también con analgésicos antiinflamatorios como el ibuprofeno. Si te aparece fiebre consulta con tu médico, quizá necesites tomar antibióticos.
En ningún caso la
mastitis justifica la retirada de la lactancia materna.
No tengo suficiente leche: Es seguramente la causa más frecuente de fracaso de la
lactancia materna, la creencia errónea de no tener suficiente leche o que la composición de ésta no es la adecuada, está aguada o es incompleta. Se sabe que la composición de la leche se mantiene incluso en caso de malnutrición materna, porque es el seguro del mantenimiento de la especie. La leche de madre siempre es la adecuada, cambia en cada época de la lactancia, con la edad del niño, incluso en cada momento de la misma tetada. En la primera parte de ésta, sale una leche menos viscosa porque tiene más agua y proteinas, mientras que al final de la tetada la leche es más gruesa, más viscosa, porque es mucho más rica en grasas, nutriente que aporta al niño sensación de saciedad.
Las mujeres sanas producen el volumen de leche que necesita su bebé, no menos, este volumen es el necesario para que el crecimiento y la actividad sean adecuados a cada edad. No se trata de tener un hijo gordito, sino sano. Esto se puede asegurar si continúas con
lactancia materna, a pesar de su percepción que te puede hacer creer que no produces suficiente cantidad de leche o que ésta no le alimenta adecuadamente. Tampoco el llanto de tu bebé significa necesariamente hambre, quizá necesite más contacto físico contigo, más caricias o un chupete. Tu bebé no tiene que comer a unas horas determinadas, como en un cuartel , sino cuando él lo demande, cuando lo pida, sobre todo en las primeras semanas de su vida. Si su ganancia de peso es la adecuada, unos ciento cincuenta gramos cada semana, en estas primeras semanas de vida, su alimentación a través de tu leche es correcta. Además tu producción de leche no es siempre la misma, puede momentaneamente disminuir por esrés, ansiedad o desconfianza en ti misma.
REf: El gran libro de la pediatría (Dr. Juan Casado)